El Jefe de Gabinete nacional, Manuel Adorni, quien construyó su perfil público fustigando los privilegios de lo que denomina "la casta", hoy se encuentra en el centro de una tormenta ética luego de que trascendió que el funcionario realizó un millonario viaje a Punta del Este durante el pasado feriado de carnaval, utilizando un jet privado y solicitando procedimientos especiales de "personaje VIP" para eludir las áreas comunes de los controles migratorios.
El viaje, que presuntamente se habría realizado entre el 12 y el 17 de febrero, se llevó a cabo en un Honda Jet matrícula LV-HWA. El costo estimado ronda los 10.000 dólares, una cifra que resulta difícil de conciliar con el último patrimonio declarado por el funcionario, que apenas ascendía a 2,5 millones de pesos. Acorde a lo trascendido, Adorni no viajó solo: lo acompañaron su esposa, Bettina Angeletti, y su amigo personal Marcelo Grandio, periodista que actualmente trabaja en la TV Pública.
Lo que más ruido generó en los pasillos del poder fue el operativo de ocultamiento tras el aterrizaje en el aeropuerto de San Fernando. Según la investigación realizada por los medios, el Jefe de Gabinete pidió realizar los trámites de ingreso al país dentro de un hangar privado.

De esta manera, el funcionario que durante años exigió transparencia absoluta a la dirigencia política, habría optado por un privilegio exclusivo para evitar el contacto con pasajeros y trabajadores aeroportuarios, resguardando su escapada del escrutinio público.
Este episodio se suma a la reciente polémica por el viaje oficial a Nueva York, donde Adorni justificó la presencia de su esposa en el avión presidencial Tango 01. En aquella oportunidad, argumentó que necesitaba la compañía de su mujer porque su trabajo era muy "sacrificado" y que planeaba "deslomarse" trabajando durante cinco días en Estados Unidos. La frase, lejos de calmar las aguas, fue interpretada como una admisión de beneficios que su propio espacio político denunciaba anteriormente como escandalosos.
De esta manera, quedaría al descubierto una grieta entre el relato de la motosierra y la práctica del poder. Mientras el Gobierno de Javier Milei impulsa un ajuste severo sobre el consumo y los ingresos de los ciudadanos, uno de sus máximos exponentes se ve envuelto en denuncias por el uso de lujos privados y beneficios estatales.