En las oficinas de la calle 6, el clima de campaña para el 2027 es una realidad permanente, pero con un cambio de frecuencia. Aunque se esperaba que Axel Kicillof iniciara este 2026 con un raid de fotos junto a gobernadores del interior, la mesa chica del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) decidió poner freno de mano y pensar mejor la estrategia.
En este sentido, todo indica que la consigna que hoy baja desde el entorno más cercano al mandatario es clara: no habrá “saltos a piletas vacías” ni recorridas espasmódicas que solo busquen impacto mediático.
De esta manera, según fuentes de la Gobernación, Kicillof busca dotar a su proyección nacional de una “sustancia territorial real” y la idea ya no es ir a las provincias a sacarse fotos con la dirigencia tradicional, sino armar las bases desde abajo, articulando con sectores sociales, productivos y políticos que hoy se sienten huérfanos ante el avance libertario.

Así, el objetivo es evitar el “síndrome de la gestión fallida” que dejó la experiencia de Alberto Fernández, donde las internas devoraron la capacidad de mando desde el primer día.
Acorde a lo que piensa el kicillofismo, solo con el peronismo no alcanza y, bajo esa premisa, el plan es la construcción de una coalición amplia que aglutine a sectores del radicalismo, gobernadores de diversos signos políticos y espacios progresistas.
De esta manera, Kicillof aspira a ser la punta de lanza de una propuesta que no sea simplemente un “frente electoral para ganar”, sino una estructura sólida que garantice gobernabilidad en un país fragmentado. El gobernador sabe que ganar la elección es solo el primer paso, y que el desafío real es tener un plan de gobierno claro que sobreviva a las tensiones internas.

Sin embargo, el punto más problemático de este plan sigue siendo la interna con el cristinismo duro y La Cámpora. En los despachos oficiales admiten que el vínculo es "complejo" y que la reconciliación total parece una utopía en el corto plazo.
Aunque Kicillof no le cierra la puerta a nadie, tampoco está dispuesto a que la agenda de la organización de Máximo Kirchner condicione su armado nacional, y el apoyo “incondicional” que le brindó el intendente de La Plata, Julio Alak, es una señal de que el gobernador ya tiene su propia guardia lista para ir a la guerra.
En definitiva, el 2026 de Kicillof será el año de la arquitectura política donde el Gobernador prefiere demorar un poco las giras por el país a cambio de asegurar que, cuando finalmente se lance a la pileta nacional, tenga suficiente agua para nadar hacia la Casa Rosada con un equipo propio y una coalición que resista no solo la resistencia libertaria, sino la guerra interna.