La sesión especial por el Día de la Memoria en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires estuvo lejos de ser un acto de consenso institucional, sino que se transformó en un escenario de pases de factura cruzados donde el pasado de la exministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y las viejas acusaciones de Javier Milei volvieron al centro de la escena.
La pelea la inició el jefe del bloque de La Libertad Avanza (LLA), Nahuel Sotelo, quien reclamó que se cuente una “historia completa” sobre la violencia de los años 70. En un discurso provocador, Sotelo leyó citas de líderes guerrilleros del ERP y Montoneros para cuestionar a las organizaciones de derechos humanos, a las que acusó de haber “banalizado la lucha” y montado un “negocio”. Además, disparó contra el peronismo y el radicalismo, instándolos a "hacerse cargo" por, según él, haber colaborado con el proceso dictatorial.
La réplica de Fuerza Patria no tardó en llegar y apeló a la ironía política para descolocar al legislador libertario. Así, el jefe de la bancada oficialista, Facundo Tignanelli, replicó: “Le pido por favor a los diputados que se ciñan al tema; no es momento para que le pasen factura a la senadora Patricia Bullrich recordándole lo que pensaba de ella el presidente Milei”. Esto, en clara referencia a la denuncia de Milei sobre las presuntas “bombas en jardines de infantes” que habría puesto la actual senadora en su juventud.

En la misma sintonía, la intendenta de Quilmes en uso de licencia y referente camporista, Mayra Mendoza, se sumó al contraataque dialéctico. “Es raro que entre tantas citas de dirigentes de organizaciones guerrilleras que leyó el diputado, no haya encontrado ninguna de Patricia Bullrich”. De esta manera, buscaron mostrar la contradicción de los libertarios al omitir el pasado de una de las figuras centrales de su actual alianza de gobierno.
Sotelo, por su parte, intentó cerrar filas afirmando que el gobierno de Milei se opone a “todas las dictaduras y miradas absolutistas”, sellando su intervención con un “Nunca más” que sonó extraño en medio de un discurso que cuestionó el eje central de la narrativa de los organismos de derechos humanos.
De esta manera, la sesión dejó en claro que, a 50 años del golpe, sigue siendo un campo de batalla donde el oficialismo provincial y la oposición libertaria no conceden ni un milímetro de tregua.