En los pasillos de la Casa Rosada empezó a circular una hipótesis que, aunque nadie se atreve a oficializar, ya genera ruidos en todos los campamentos políticos: la posibilidad de retocar el calendario electoral de 2027. Según trascendió, la discusión responde a una necesidad vital del oficialismo libertario por blindar la reelección de Javier Milei ante un escenario económico que sigue siendo una incógnita.
La lógica detrás de esta "jugada en off" es cruda, ya que un sector del Gobierno teme que, si la incertidumbre política se estira hasta finales del año próximo, el mercado vuelva a castigar al país, complicando el frente financiero justo cuando arrecian los vencimientos de deuda externa. Despejar el panorama electoral antes de tiempo aparece, para algunos armadores de la Rosada, como una herramienta para bajar la tensión y sostener la credibilidad.

Sin embargo, la movida enfrenta un muro institucional. La Constitución Nacional establece que la elección presidencial debe realizarse dentro de los 60 días previos al final del mandato. Cualquier adelanto agresivo requeriría una reforma constitucional, una misión casi imposible con la actual composición del Congreso. No obstante, el Gobierno ya demostró su capacidad para cambiar las reglas del juego con la implementación de la Boleta Única de Papel y la suspensión de las PASO en las legislativas pasadas.
Del otro lado del mostrador, el peronismo bonaerense y los gobernadores ya activaron sus radares. Según se pudo saber, en las últimas horas, surgieron advertencias públicas sobre este eventual intento de anticipar la discusión presidencial. La lectura de la oposición es clara: una aceleración de los tiempos busca forzar definiciones antes de que el PJ logre reorganizarse y consolidar un liderazgo alternativo.
Más allá de si la idea prospera o termina archivada, el dato político es ineludible: Milei empezó a mirar el 2027 mucho antes de lo previsto. Cuando un Gobierno discute cómo y cuándo votar antes de terminar de estabilizar la macroeconomía, lo que asoma es una señal de inquietud en el corazón mismo del poder libertario.