El inicio de abril trajo consigo la Rendición de Cuentas 2025 del municipio de General Pueyrredon, y los números oficiales terminaron chocando de frente con el relato del orden fiscal. Mientras el intendente en uso de licencia, Guillermo Montenegro, mantiene un posicionamiento de sintonía con el ajuste que pregona Javier Milei, el balance contable de su distrito cerró el ejercicio con un déficit de $7.437 millones.
El dato es especialmente sensible si se lo compara con el 2024: el “rojo” municipal trepó un 155% en apenas un año. El escenario es aún más complejo en la administración central, donde el desbalance alcanza los $10.286 millones, dejando en evidencia que el modelo de Mar del Plata no logra replicar la bandera del déficit cero que el oficialismo local defiende en los medios.

Desde el área económica de la comuna atribuyen el resultado a factores externos. Según el informe de Contaduría, el municipio sufrió un recorte de $14.000 millones en transferencias provenientes de Nación y Provincia. Sin embargo, los números también reflejan una dinámica interna preocupante: los gastos crecieron por encima de los ingresos, y el municipio pasó de tener ahorro corriente positivo a un saldo negativo al cierre del ejercicio.
Los puntos críticos del informe técnico señalan ingresos a la baja y que los recursos totales quedaron un 7% por debajo de lo presupuestado, con desplomes en recaudación de tasas, patentes e Ingresos Brutos.
A su vez, se demostró un gasto excedido por los gastos operativos y salariales avanzaron más rápido que la capacidad de recaudación; y hubo algunas observaciones legales que la Contaduría registró como ejecuciones de partidas sin crédito suficiente, lo que obligará al Ejecutivo a dar explicaciones ante el Tribunal de Cuentas por incumplimientos al sistema RAFAM.

La rendición ya ingresó al Concejo Deliberante, donde el oficialismo cuenta con los votos necesarios para su aprobación técnica, aunque el costo político será inevitable. La oposición ya afila las críticas, señalando la contradicción de una gestión que reivindica el ajuste nacional pero no logra sostener su propio funcionamiento con recursos corrientes.
En un contexto donde la capacidad operativa de la comuna se ve degradada, Mar del Plata enfrenta un 2026 con el desafío de ordenar una caja que, por ahora, se sostiene más con consignas que con realidades contables.