EN OFF | 24 FEB. 2026

OTRA VEZ LA INTERNA PERONISTA

Unidad en pausa: Kicillof, Máximo y la batalla por la "silla de oro" del Senado bonaerense

La Vicepresidencia 1° es el botín que traba el funcionamiento de la Cámara alta. Mientas que el Gobernador exige el cargo para su tropa propia, el líder de La Cámpora contraataca.




La tregua que le permitió a Axel Kicillof quedarse con la presidencia del PJ provincial parece haberse quedado en la puerta del Senado. A pocos días de la sesión convocada para este jueves 26 de febrero, la rosca por la Vicepresidencia 1° (cargo estratégico que integra la línea sucesoria directa detrás de Verónica Magario) ha escalado a un nivel de tensión que amenaza con dejar nuevamente los casilleros vacíos.

La disputa enfrenta dos modelos de construcción política dentro de Fuerza Patria. El Gobernador, a través de su armado Movimiento Derecho al Futuro (MDF), busca blindar su retaguardia con una figura de absoluta confianza. La elegida es la senadora por la Sexta Sección, Ayelén Durán, cuya designación marcaría la consolidación del mando kicillofista sobre la estructura legislativa.

Por su parte, desde el búnker de La Cámpora, la orden es no ceder un ápice de representación en los estamentos de poder, y el nombre propuesto es el del histórico Mario Ishii, una jugada que busca sostener el peso específico del camporismo y los sectores tradicionales en la conducción del recinto.

Hay que destacar que todo este drama por una vicepresidencia se explica teniendo en cuenta el valor sucesorio. Quien ocupe ese lugar es, de alguna manera, el "número tres" de la Provincia. En un año donde Kicillof planea intensificar sus giras federales y su proyección nacional, controlar quién queda a cargo de la firma ante cualquier eventualidad no es un detalle menor para ninguna de las dos tribus.

La pelea no termina en las autoridades de cámara, ya que la jefatura del bloque oficialista también sigue vacante. Allí, las divisiones se multiplican, el cristinismo busca retener el control de la bancada como contrapeso al Ejecutivo, el kicillofismo exige una conducción alineada que garantice la salida de las leyes que pide el Gobernador y también hay que tener en cuenta el factor Berni, ya que el exministro de Seguridad también puja por posicionar figuras que expresen su propia línea.

En este marco, la falta de consenso desde la fallida preparatoria de diciembre expone que el acuerdo por el PJ fue apenas una feta de unidad. Ahora, el resultado de lo que ocurra este jueves marcará el termómetro real de la relación entre el Gobernador y Máximo Kirchner, y definirá si el peronismo bonaerense puede ofrecer un esquema de poder estable o si seguirá consumiéndose en su propia interna de cara a 2027.

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