El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer este jueves que la inflación de febrero se ubicó en el 2,9%, calcando la cifra del mes anterior. Para la administración de Javier Milei, el dato representa un desafío: la senda de desaceleración que el ministro de Economía, Luis Caputo, había trazado como bandera del éxito libertario parece haber encontrado un techo difícil de perforar.
Con una acumulación del 33,1% en los últimos doce meses, el Gobierno enfrenta ahora el reto de sostener el ajuste sin que la inercia de los precios devore el humor social.
Desde la mirada política, el estancamiento del IPC en torno al 3% pone en jaque la narrativa de la "victoria inminente" sobre la inflación. Mientras el Palacio de Hacienda insiste en la eliminación total de la suba de precios, los rubros que más castigan el bolsillo bonaerense siguen al alza.
El rubro de Vivienda, agua, electricidad y gas lideró los incrementos con un 6,8%, consecuencia directa de la política de quita de subsidios y actualización de tarifas de servicios públicos, una decisión de Caputo que golpea especialmente a la clase media y a los sectores productivos de la provincia.
Un dato que el oficialismo busca capitalizar es el comportamiento regional. Según el estudio, el Gran Buenos Aires registró un impacto del 2,6%, ubicándose por debajo del promedio nacional y siendo la zona con menor incremento del país. En contraste, el Noroeste trepó al 3,5%. Sin embargo, la ventaja estadística del Conurbano se diluye al observar que Alimentos y bebidas no alcohólicas subió un 3,3%, superando el índice general y manteniendo bajo presión la capacidad de compra en los barrios más vulnerables del territorio bonaerense.
En los pasillos de la Casa Rosada y el Ministerio de Economía, la preocupación no solo radica en el número actual, sino en las dificultades del contexto nacional e internacional para quebrar la escalada de forma definitiva. Con divisiones como Bebidas alcohólicas y Prendas de vestir mostrando variaciones mínimas, el grueso de la inflación se concentra en los servicios esenciales, lo que limita el margen de maniobra de Milei para reactivar el consumo sin fogonear nuevamente los precios.
El escenario para lo que queda de 2026 anticipa una batalla de desgaste. Para Luis Caputo, la estabilidad del 2,9% es una prueba de fuego: si el índice no retoma el camino descendente en los próximos meses, la presión de los sectores industriales y sociales por una flexibilización del ajuste se volverá insostenible. Mientras tanto, el Conurbano respira con unas décimas menos de aumento, pero con el costo de vida en servicios públicos marcando el ritmo de una economía que aún no logra encontrar su punto de equilibrio.
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