El tablero político de la provincia de Buenos Aires ha entrado en una fase de ebullición de cara a las elecciones del año que viene. En este sentido, la posibilidad de un desdoblamiento electoral, una jugada que el kicillofismo tiene bajo la manga para blindar el territorio, no solo altera el calendario, sino que funciona como un filtro natural de candidaturas.
En este escenario, todo parece indicar que Diego Santilli emerge como el gran beneficiado, mientras que los armadores “puros” de Javier Milei en la provincia empiezan a mirar el reloj con preocupación. Hay que destacar que el actual ministro del Interior corre con una ventaja comparativa que ningún otro dirigente de la oposición puede ignorar: conocimiento y recorrido.
Luego de lo que fue el accidentado 2025, donde debió reemplazar a un José Luis Espert eyectado por sospechas de financiamiento irregular, Santilli logró dar vuelta una elección legislativa que parecía perdida y su triunfo no solo lo depositó en el gabinete nacional como el articulador con los gobernadores, sino que lo dejó muy bien parado frente al electorado bonaerense.
De esta manera, si las PASO se adelantaran a abril y las generales a mayo, la campaña se reduciría a un suspiro, lo que pondría en una posición de extrema debilidad a figuras como Sebastián Pareja, quien, si bien es el arquitecto del armado libertario en la Provincia y cuenta con el respaldo de la Casa Rosada, su nivel de instalación pública sigue siendo bajo en comparación con el “Colo”. Así, sin tiempo para recorrer los 135 municipios, el aparato libertario podría verse forzado a poner a algún candidato con marca propia.
Por su parte, Cristian Ritondo empuja con fuerza la candidatura de Santilli bajo un esquema de fusión total con La Libertad Avanza (argumentando que ir separados es regalarle la provincia al kirchnerismo). Sin embargo, en el PRO las aguas están divididas.
Por un lado, el ala acuerdista (Ritondo-Santilli), busca consolidar el esquema de “gobierno compartido” con Milei, entendiendo que el 40% del padrón nacional no permite experimentos de identidad propia. Sin embargo, el ala purista (Macri-Vidal), se resiste a la absorción y, acorde a lo que trascendió, ambos insisten en que el PRO debe jugar con su propio sello en 2027 para no licuar el capital político construido durante dos décadas.
La derrota opositora en la Provincia en septiembre de 2025 dejó una lección grabada a fuego: sin los intendentes no se puede. Hoy los jefes comunales amarillos, que gestionan gran parte del territorio, miran con recelo el verticalismo libertario y las órdenes que llegan desde Parque Norte.
En medio de esto, Santilli busca presentarse como un candidato que los libertarios pueden aceptar por su cercanía a Milei, pero que los intendentes del PRO sienten como “uno de los suyos”. De esta manera, si el peronismo aprieta el botón del desdoblamiento, la pelea por el sillón de Dardo Rocha podría definirse más por la instalación previa que por las propuestas de campaña y Santilli tiene todas las de ganar en pos de una posible candidatura.
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