El Hospital Municipal "Dr. Leónidas Lucero" de Bahía Blanca, distrito gobernado por Federico Susbielles, se encuentra en el ojo de una tormenta judicial tras confirmarse la desaparición de 25 ampollas de fentanilo, un analgésico de alta potencia cuyo uso está rígidamente regulado. Lo que comenzó como una revisión de stock terminó en una denuncia penal ante la UFIJ N.º 19, a cargo del fiscal Mauricio del Cero, ante la certeza de que no se trató de un simple error administrativo.
La irregularidad se detectó en la zona de quirófanos, un sector de acceso limitado donde cada movimiento de medicación debe quedar documentado con nombre y apellido. "No se puede explicar como una diferencia de stock; alguien sabía exactamente qué buscar y dónde estaba", deslizaron fuentes de la investigación, abonando la hipótesis de un robo perpetrado por alguien con conocimiento interno del sistema de seguridad.
El caso en Bahía Blanca no es aislado y se suma a una serie de episodios oscuros que involucran a profesionales de la salud y anestésicos. La justicia mira de reojo los recientes escándalos en el Hospital Italiano de Buenos Aires y el trágico fallecimiento de un enfermero del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, hechos que encendieron las alarmas sobre el desvío de fármacos para el mercado ilegal o el consumo problemático dentro de los centros sanitarios.
Aunque Argentina no atraviesa la crisis humanitaria que sufre Estados Unidos por el uso indebido de fentanilo, las autoridades locales advierten que estas son "señales que el sistema no puede ignorar". El valor de este opioide en el circuito clandestino es altísimo debido a su potencia, lo que lo vuelve un botín codiciado.
Por estas horas, la fiscalía releva cámaras de seguridad, registros de firmas y testimonios del personal de guardia. El objetivo es determinar si hubo fallas estructurales en el control o si existe una red dedicada al tráfico de fármacos operando dentro del hospital público más importante de la región.
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