La Casa Rosada activó un mecanismo de contención de daños para intentar ponerle un freno de mano a la ola de rumores y especulaciones respecto a la interna del oficialismo. En ese sentido, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y la jefa del bloque de senadores nacionales de La Libertad Avanza (LLA), Patricia Bullrich, mantuvieron un encuentro cumbre en los despachos de Balcarce 50. La cita, orientada formalmente a repasar la agenda legislativa, tuvo como verdadero objetivo lograr una fotografía de unidad luego de los sucesivos chispazos en la conducción libertaria.
La famosa foto estuvo acompañada por mensajes que intentaron mostrar un poco de armonía en el frente interno. El propio presidente, Javier Milei, se encargó de replicar y amplificar la imagen en sus cuentas de redes sociales, una maniobra que en el Palacio de Gobierno fue leída como el intento definitivo de clausurar la controversia pública y exhibir solidez.
Sin embargo, lejos de calmar las aguas, el retrato encendió una serie de lecturas cruzadas e interpretaciones contrapuestas en los pasillos: mientras un ala del Gobierno deja saber que la foto cumplió su rol de "distender" el ambiente, los sectores más duros desconfían de la jugada, advirtiendo que el gesto deja al descubierto la fragilidad de una interna que acumula demasiados capítulos.
El detonante que había colmado la paciencia del entorno presidencial fue la rebelión de Bullrich frente a la orden del Ejecutivo de retirar el pliego judicial de la postulación de María Verónica Michelli. Indicando razones de conciencia institucional, la senadora nacional se plantó y notificó su disconformidad, un desacuerdo que caló hondo en el ánimo de Karina Milei y reavivó la pulseada por los límites de la obediencia partidaria.
Pero el historial de fricciones de la exministra de Seguridad con la mesa chica de LLA arrastra otros hitos recientes. Semanas atrás, Bullrich desmarcó sus posiciones respecto a la estrategia defensiva que la Casa Rosada trazó en torno a la delicada situación judicial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En aquella oportunidad, la legisladora reclamó de forma pública mayores niveles de transparencia institucional y, con su postura, apuró definiciones procesales que el núcleo duro libertario pretendía administrar diferente, un movimiento que fue catalogado por la tropa propia como un abierto desafío de independencia política.
Sin embargo, en el corazón de La Libertad Avanza todavía desconfían del peso específico de Bullrich. Según se pudo saber, en la Casa Rosada son plenamente conscientes de que su experiencia en la gestión pública, su alto índice de conocimiento en la sociedad civil y su aceitada destreza para la articulación de acuerdos parlamentarios la hacen una pieza irreemplazable dentro del andamiaje oficialista. Es por esta razón que las terminales de poder descartan de cuajo cualquier tipo de ruptura o desplazamiento en el corto plazo.
Por lo demás, el internismo no es patrimonio exclusivo de la relación entre Bullrich y el "triángulo de hierro" presidencial. El mapa del poder libertario exhibe una fractura expuesta que involucra a otras terminales estratégicas: la persistente disputa por el control de áreas clave de la gestión que protagonizan el sector alineado con el asesor estrella, Santiago Caputo, contra el polo de poder político de Karina Milei y los hermanos Menem.
En medio de todo esto, los analistas del oficialismo interpretan que el pacto fotográfico con Bullrich no solo buscó proyectar orden hacia el mercado y la oposición dialoguista, sino también ensayar un ordenamiento de las filas hacia adentro. Aunque la utilización de imágenes para acallar rumores de crisis es un recurso repetido en el manual libertario, la tregua de esta semana expone que el equilibrio entre las principales figuras gubernamentales sigue siendo el desafío más complejo que enfrenta el Presidente.
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