La interna de la oposición atraviesa semanas de definiciones clave. Hacia fines de abril de 2026, el PRO comenzó a mover sus piezas en el tablero nacional con un claro protagonista: Mauricio Macri. Dirigentes de peso del partido impulsan su candidatura presidencial para 2027, con el objetivo de dotar al espacio de un liderazgo experimentado y evitar la fragmentación frente al Gobierno de Javier Milei.
El planteo tomó vuelo tras las declaraciones del diputado y exintendente de Pinamar, Martín Yeza, quien aseguró que existe un consenso casi unánime en el partido para que el exmandatario vuelva a competir. La premisa es clara: ordenar el espacio tras varias reconfiguraciones internas y consolidar un punto de unidad.
En este sentido, el PRO busca definir su lugar en el nuevo mapa político nacional. La conducción del espacio reafirmó que continuará acompañando las reformas impulsadas por el oficialismo, manteniendo una postura de colaboración que pretende diferenciarse de una oposición confrontativa, sin perder la identidad que caracteriza al partido amarillo.

Sin embargo, este posicionamiento trae aparejado un debate interno sobre el futuro del liderazgo. Mientras algunos sectores apuestan por caras nuevas y cuadros emergentes, otros sostienen que se necesita el volumen político y el conocimiento público de Macri para garantizar competitividad electoral.
Por otro lado, la posibilidad de competir por separado o con listas unificadas es vista con atención, ya que una fragmentación en distritos clave podría beneficiar al peronismo.
La preocupación principal del PRO se concentra en el principal distrito electoral del país, en la Provincia de Buenos Aires, donde la gobernación se define sin segunda vuelta y una división de la oposición con sectores de La Libertad Avanza podría allanar el camino para el peronismo. Por esta razón, la figura de Macri emerge como un elemento ordenador entre el respaldo de la dirigencia y las dudas sobre la estrategia electoral.