El termómetro de la actividad turística en el territorio de la Provincia de Buenos Aires encendió alarmas en las cámaras hoteleras y gastronómicas. Este último fin de semana largo en conmemoración del Día del Paso a la Inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes concluyó con un balance preocupante, consolidándose como el período vacacional con menor movimiento turístico en lo que va del año 2026. La recesión económica, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, las crudas temperaturas invernales y el inicio de la Copa del Mundo desalentaron los viajes de media y larga distancia.
De acuerdo con el informe estadístico consolidado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el feriado nacional movilizó apenas a 993.683 turistas en todo el territorio nacional, inyectando un impacto económico global de $216.649 millones. Hacia el interior de la provincia de Buenos Aires, la fisonomía del descanso estuvo signada por un nuevo patrón de conducta impuesto por el bolsillo con escapadas de cercanía, excursiones de una sola jornada, reservas concretadas a último momento sobre la marcha y un consumo extremadamente moderado en los centros comerciales.
El repliegue del turismo interno golpeó de forma directa a las principales plazas tradicionales bonaerenses, forzando a los operadores turísticos a readaptar sus expectativas de caja. En ese sentido, Mar del Plata concentró, como es habitual, el mayor flujo neto de visitantes bonaerenses, pero con índices de ocupación hotelera muy por debajo de sus promedios históricos. Los escasos viajeros restringieron sus gastos, volcándose a caminatas por la Rambla, el Puerto, Chapadmalal y Sierra de los Padres, priorizando los menús promocionales.

En otros puntos de la Costa Atlántica, la actividad se sostuvo de forma artificial gracias a convocatorias puntuales: Villa Gesell capturó un lote de excursionistas por la Maratón Cross 7K, mientras que Monte Hermoso traccionó pescadores mediante el Concurso de Pesca Embarcada en la Laguna Sauce Grande.
En Chascomús, los visitantes sostuvieron una estadía promedio de apenas dos noches, registrando un gasto diario sumamente austero que rondó los $110.000 por persona. Por su parte, Lobos amortiguó la parálisis sectorial acoplando los festejos por el 224° aniversario de la ciudad con espectáculos musicales al aire libre.
Ante la escasez de reservas hoteleras estructuradas, el interior productivo bonaerense resistió el embate recesivo apalancándose en sus tradicionales fiestas populares y ferias de raíces gastronómicas, eventos que convocaron masivamente al público regional de distritos vecinos.

Entre las celebraciones que actuaron como nodos de contención económica durante el fin de semana largo se destacaron “Espartillar”, que convocó a sibaritas y productores en la Fiesta de la Trufa Negra Argentina; la Fiesta del Pastelito y la tradicional Expo Miel, en Brandsen y Azul; el municipio de Berisso que traccionó visitantes regionales mediante sus propuestas y catas vinculadas al Vino de la Costa; y las FIestras Patronales que registraron flujo de miniturismo en localidades como San Antonio de Areco, Tres Arroyos, Lincoln, San Pedro y Puan.
El cordón periférico del Gran Buenos Aires no fue ajeno a la tendencia de las miniescapadas sin salir de la región. Las secretarías de cultura municipales debieron redoblar sus propuestas gratuitas para retener el flujo recreativo de los vecinos. En la zona sur del Conurbano descolló la masiva concurrencia a la Feria Internacional del Libro de Almirante Brown, como así también el Festival de Pastelitos Criollos en la localidad de Malvinas Argentinas. En sintonía, Berazategui traccionó público familiar mediante una nueva edición de la Feria Sabores del Mundo y los recorridos técnicos del Salón Nacional de Creatividad y Diseño Artesanal.
Desde la conducción de CAME concluyeron que el comportamiento del feriado de Güemes no constituye un hecho aislado, sino la consolidación de la tendencia macroeconómica de 2026: viajes exprés de último momento, achicamiento estricto de las noches de hotel y una austeridad rigurosa en cubiertos y entretenimiento. Un preocupante escenario que deja al descubierto la profunda crisis que atraviesa el turismo interno, asfixiado por un contexto donde las familias priorizan el cuidado de los ingresos fijos.