El predio de Parque Norte se transformó en el epicentro de un debate político y económico de alta intensidad sectorial. En el marco del encuentro federal organizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) para conmemorar el Día Internacional de las Pymes, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Jorge Macri, se vieron las caras ante un auditorio colmado por más de 1.300 empresarios de todo el país. El evento funcionó como una caja de resonancia de la profunda preocupación fabril ante la recesión y expuso las visiones antagónicas que sostienen ambos mandatarios sobre el rol de la inversión pública y privada.
La jornada se desarrolló en un ecosistema de fuerte densidad corporativa, al contar con la participación activa de los presidentes y delegados de las cámaras más influyentes del círculo rojo nacional, tales como la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) y la Sociedad Rural Argentina (SRA). Todas las entidades coincidieron en un diagnóstico de alerta por la vulnerabilidad que exhibe el entramado productivo.
Estamos viviendo una de las etapas de destrucción de capacidades productivas más profunda de la historia. Se perdieron más de 300 mil puestos de trabajos formales, y si sumamos la informalidad, cerca de medio millón; se aniquilaron 26 mil empresas. Es la muerte de las pymes. pic.twitter.com/XTmB1Lzvkf
— Axel Kicillof (@Kicillofok) June 25, 2026
Al momento de hacer uso de la palabra, el gobernador Axel Kicillof estructuró su discurso alrededor del impacto contractivo que las políticas macroeconómicas de shock de la Casa Rosada provocan sobre el tejido de las pequeñas y medianas empresas nacionales, las cuales representan más del 80% del empleo registrado en territorio bonaerense. “Estamos registrando severos problemas de rentabilidad y sostenibilidad en absolutamente todos los rubros estratégicos vinculados al comercio minorista, la construcción, la actividad industrial de base y el turismo receptivo. Todos ellos constituyen los sectores que de manera fáctica democratizan el empleo y donde proliferan las pymes con capital nacional. La mayor potencialidad que tiene la Argentina son sus propios empresarios. Es con los empresarios pymes argentinos, y no mediante la timba financiera, con quienes se debe construir un verdadero modelo de desarrollo”.
A su turno, y desde una matriz ideológica contrapuesta, el alcalde porteño Jorge Macri buscó sintonizar con el reclamo desregulador del auditorio mercantil. El Jefe de Gobierno enfocó sus prioridades en la necesidad de desburocatizar los mostradores municipales y provinciales del AMBA para amortiguar el parate económico que, según sus propios datos fiscales, mantiene una caída de hasta el 11% interanual en la Ciudad. “El sector privado no necesita un Estado elefantiásico ni punitivo, necesita de forma urgente un Estado ágil, moderno, tecnificado y, por sobre todas las cosas, previsible a largo plazo. Ser pyme en la Argentina actual representa el enorme acto de coraje de invertir recursos propios cuando no existe ningún tipo de certezas en la macroeconomía; es la decisión patriótica de sostener los puestos de empleo de las familias aún en los contextos más adversos”, destacó.

Más allá de los posicionamientos partidarios de los invitados, el verdadero eje conductor de la cumbre estuvo marcado por los rigurosos reclamos institucionales corporizados por el presidente de CAME, Ricardo Diab. El vocero de las pymes no anduvo con rodeos y les exigió a los gobernantes de todas las jurisdicciones un plan de salvataje urgente para evitar quiebras masivas y el consecuente desplazamiento de comercios hacia los márgenes de la informalidad laboral.
En este sentido, el pliego de condiciones de CAME se sintetizó en tres ejes operativos urgentes: la implementación inmediata de herramientas de financiamiento accesible y tasas subsidiadas para reactivar el mercado interno, una reducción progresiva pero fáctica de la asfixiante carga tributaria que ahoga los costos fijos de las empresas, y terminar con los regímenes de percepciones y retenciones bancarias indebidas ejecutados por agencias como ARBA o AGIP, un mecanismo de retención anticipada que licúa el capital de trabajo de las pymes y las transforma de forma forzosa en acreedoras crónicas del Estado en medio de un proceso inflacionario.
El encuentro de Parque Norte clausuró sus debates dejando en evidencia que, detrás de las fotos de rigor y la cordialidad institucional entre Kicillof y Jorge Macri, el sector de las pequeñas y medianas empresas se encuentra atrapado en una pinza de hierro determinada por el desplome histórico del consumo masivo y una presión impositiva subnacional que las cámaras empresariales no pueden tolerar a la hora de garantizar la supervivencia del empleo.