Las alarmas encendidas en el principal polo turístico de la Costa Atlántica bonaerense adquirieron una preocupante validación técnica. En ese marco, a las puertas del inicio de las vacaciones de invierno, las proyecciones trazadas por las cámaras hoteleras y gastronómicas de General Pueyrredón anticipan un receso invernal críticamente frío.
De acuerdo con los balances preliminares de las entidades sociocomerciales del sector, las reservas hoteleras confirmadas apenas alcanzan un magro 25% de ocupación, un indicador que coloca bajo un severo e inflamable escrutinio la idoneidad civil y el plan de promoción de la gestión de Diego Juárez al frente del Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC).

Este desolador panorama pre-temporada no opera de forma aislada, sino que tiene que ver con una seguidilla de fines de semana largos caracterizados por una bajísima actividad comercial. Las auditorías privadas de los mostradores marplatenses revelan que el flujo de visitantes en los últimos feriados puente osciló en un pobre piso de entre el 35% y el 45% de la capacidad instalada, registrándose además niveles de consumo críticamente deprimidos.
La parálisis del consumo y la falta de campañas promocionales agresivas en los principales centros emisores del Conurbano profundo ya pasaron una drástica factura social en la economía real marplatense. Según denuncian los sindicatos y agrupaciones empresariales de la ciudad balnearia, la escasa afluencia de turistas a lo largo del año derivó en el cierre definitivo de al menos 40 establecimientos hoteleros y gastronómicos en el transcurso de los últimos 60 días. Esta sangría de persianas bajas destruyó de forma directa más de 400 puestos de trabajo genuinos, ensombreciendo los índices de empleo local.
Ante la gravedad del diagnóstico, las declaraciones que el propio Juárez pronunció al inicio de su mandato volvieron a instalarse en el epicentro de la polémica vecinal. En el sector privado resuena con un preocupante tono de desidia institucional la premisa corporizada por el funcionario de que "la ciudad se vende sola". Esta lógica terminó operando como una nefasta profecía autocumplida: tras el último fin de semana largo, las planillas oficiales del EMTURyC reportaron el arribo de apenas 55.000 turistas, una cifra insignificante para una estructura urbana que depende vitalmente del derrame turístico.

El fracaso en las políticas de cercanía para captar las corrientes del turismo interno y regional abre un interrogante técnico inevitable entre los operadores de la Costa: si la actual conducción encuentra serias dificultades operativas para atraer al público bonaerense, carece de sustento fáctico su postulado de posicionar a Mar del Plata en el ambicioso mercado internacional de alta gama al que dice apuntar en sus discursos de plataforma.
En los pasillos del Concejo Deliberante, el titular del EMTURyC, identificado políticamente como un cuadro apadrinado y promovido de forma directa por el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, Daniel Scioli, va perdiendo margen de maniobra técnica para contener el malestar de la oposición y de las propias bases comerciales que en su momento avalaron su designación.
Frente a los reiterados pedidos de informes parlamentarios presentados en las comisiones de Turismo para exigir el desglose pormenorizado de las estadísticas de las fechas con menor rendimiento, el ente oficial ha optado sistemáticamente por una estrategia de evasión y dilación administrativa. Desde las bancadas opositoras denuncian un deliberado ocultamiento de datos y balances negativos que no harían más que ratificar el flojo desempeño de la gestión, exponiendo una severa falta de transparencia institucional.