El tablero político de la provincia de Buenos Aires ingresó en una fase de definiciones estratégicas determinantes de cara al 2027. En un escenario dominado por la incertidumbre regulatoria en el Congreso de la Nación, el gobernador Axel Kicillof comenzó a delinear la ingeniería electoral del peronismo bonaerense, donde gana una fuerza casi unánime la posibilidad de volver a desdoblar los comicios provinciales de la contienda nacional.
La viabilidad técnica de esta jugada dependerá de forma directa de la reforma política que impulse el gobierno de Javier Milei respecto a las elecciones primarias. En este sentido, en los despachos de la Gobernación entienden que la eventual eliminación de las PASO nacionales modifica drásticamente las reglas de juego internas de Unión por la Patria. Sin esa herramienta de votación ciudadana, el margen logístico para resolver las candidaturas mediante elecciones internas tradicionales prácticamente desaparece. Ante ese vacío, el peronismo bonaerense se verá forzado de fórceps a optar por dos únicos caminos: tejer un acuerdo de cúpulas extremadamente amplio o avanzar directamente hacia una fractura con competencia en listas separadas.

Para los estrategas platenses, un nuevo desdoblamiento electoral permitiría provincializar la campaña y discutir los problemas específicos del territorio bonaerense sin que el debate quede absorbido por la polarización de la disputa presidencial. En el entorno de Kicillof se apoyan en la experiencia fáctica del año anterior, cuando la Provincia votó de forma disociada a la fecha nacional.
Sin embargo, el diseño del cronograma vuelve a reabrir las tensiones históricas con el cristinismo duro. En este sentido, el sector referenciado en Máximo Kirchner mantiene sus dudas sobre fragmentar el calendario de votación y sostiene que el peronismo debe concentrar la totalidad de sus recursos militantes y económicos en una única elección nacional unificada.
Cabe destacar que el debate no solo abarca el almanaque, sino las reformas estructurales que continúan abiertas en la Legislatura bonaerense, donde los proyectos vinculados a la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) y la modificación de las reelecciones indefinidas de los intendentes siguen bajo análisis de diputados y senadores. Desde el oficialismo advierten que cualquier reforma al sistema electoral provincial deberá resolverse de forma obligatoria antes de fin de año para evitar cambios de reglas sobre la marcha en el inicio del receso electoral.

Cabe resaltar que, debido al impedimento constitucional que le impide a Kicillof aspirar a un tercer mandato consecutivo en la Gobernación, la carrera por su sucesión desató una intensa y anticipada disputa por el liderazgo y la conducción del oficialismo provincial. Mientras el mandatario profundiza la construcción federal del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) para blindar su gestión frente al ajuste de la Casa Rosada, ministros e intendentes ya caminan activamente el territorio bonaerense.
Hasta el momento, más de una decena de dirigentes peronistas se anotan formalmente en la grilla de largada. Desde la misma Gobernación, anotan al ministro de Gobierno, Carlos Bianco, al titular de Infraestructura y Servicios Públicos, Gabriel Katopodis, y al intendente de La Plata, Julio Alak. A su vez, se posicionan los jefes comunales Gustavo Menéndez (Merlo) y Mariel Fernández (Moreno), junto a Jorge Ferraresi (Avellaneda).
Cabe destcar que, en este escenario de polarización emerge con fuerza el armado de los intendentes que buscan una posición distante entre el kicillofismo y el cristinismo, el llamado "Grupo AFA". Este espacio ensaya una estrategia de mayor autonomía territorial con el objetivo de retener una alta incidencia en el cierre de las listas y en la fisonomía del futuro candidato a gobernador, demostrando que la discusión por el poder bonaerense ya excede largamente a los dos polos tradicionales del PJ provincial.