El tablero de la sucesión bonaerense empezó a moverse con dinámicas aceleradas y, en el medio de la pulseada por el liderazgo del espacio opositor, Máximo Kirchner habilitó a su tropa a alimentar la hipótesis de una candidatura propia a gobernador de la provincia de Buenos Aires, en lo que la mayoría de la dirigencia del PJ interpreta como una maniobra de presión para no quedar relegado en las futuras listas legislativas.
Pese a que en el ecosistema camporista aseguran que el diputado nacional tiene vocación de disputar el sillón de Dardo Rocha y confían en que su perfil austero permitirá revertir su imagen negativa, las alertas rojas suenan con fuerza dentro del propio territorio. Según trascendió, varios intendentes peronistas, incluso cercanos al hijo de la expresidenta, admitieron que los números de las encuestas vuelven inviable una postulación de ese calibre y descartan de plano subirse a esa boleta.

En los pasillos del peronismo bonaerense domina la lectura de que el "operativo clamor" por el legislador responde a una necesidad de contención interna antes que a un proyecto electoral con margen real de victoria. En este sentido, desde el armado territorial leen el amago de Máximo Kirchner como una señal de debilidad del cristinismo para frenar a las espadas más "duras" de Axel Kicillof (como Andrés "Cuervo" Larroque, Jorge Ferraresi y Carlos Bianco) y forzar una mesa de negociación desde una posición de mayor volumen.
Por otro lado, la reciente foto junto al gobernador Ricardo Quintela cayó como un balde de agua fría en el entorno de Kicillof, evidenciando los cortocircuitos entre las distintas vertientes para sumar aliados del interior. En este sentido, y pese a las señales de distanciamiento, cabe recordar que recientemente Kirchner buscó amortiguar el impacto público recordando que compartió Gabinete con Kicillof en la etapa de los fondos buitre y asegurando que "no están en veredas opuestas", aunque tiró la pelota al terreno de la Gobernación para habilitar la mesa de diálogo.
“Lo acusan de todo, pero vive en un departamento en Congreso y es una persona normal que dice cosas normales”, argumentaron desde la mesa chica del hijo de la expresidenta para justificar que su figura es moldeable en una campaña. En los municipios, sin embargo, responden con planillas de encuestas y un tajante rechazo a acompañarlo.

De esta manera, la jugada de La Cámpora se da en un escenario donde la discusión por la sucesión provincial ya no es patrimonio exclusivo de Cristina Kirchner y Axel Kicillof. El bloque de jefes comunales del Conurbano e interior (que sumó recientemente a Esteban Sanzio de Baradero) continúa construyendo musculatura propia de forma independiente, mostrándose activa en la marcha al Congreso y reuniéndose con senadores nacionales.
Por otro lado, Kicillof encomendó a sus cinco alfiles de confianza (Bianco, Larroque, Ferraresi, Gabriel Katopodis y Julio Alak) salir a recorrer la provincia sin provocar roces internos. En este sentido, en las últimas horas formalizó que Larroque actuará como armador nacional y Bianco como el articulador bonaerense del Movimiento Derecho al Futuro.
A su vez, dirigentes como Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) comenzaron a caminar el territorio por fuera de la estructura camporista y del esquema directo del Gobernador, evidenciando que la pelea por la gobernación será una batalla abierta de múltiples bandas.