La ciudad de Mar del Plata atraviesa uno de sus momentos más críticos en materia de seguridad ciudadana. El deterioro progresivo de los índices de criminalidad, que según registros de portales locales como 0223 y mediciones del Centro Municipal de Análisis Estratégico del Delito (CeMAED), expone un incremento sostenido que ha generado un estado de máxima tensión barrial ante las entraderas a mano armada, robos a viviendas particulares y asaltos violentos en plena vía pública.
La preocupación vecinal se profundizó en las últimas semanas tras una seguidilla de crímenes y asaltos con alto nivel de violencia en zonas residenciales y comerciales. Según pudo reconstruir BUENOS AIRES NOTICIAS (BAN), a través de testimonios y fuentes locales, el diagnóstico en el territorio es unánime y muchos grupos de vecinos salieron a las calles en varios puntos a manifestarse.

“La inseguridad empezó hace cuatro años para acá, después de la pandemia, que empezó mal, y lo que está pasando en este último año muestra números realmente escalofriantes”, confiaron a este medio fuentes locales, quienes alertaron un escenario de "muchos crímenes, mucho robo y mucha entradera".
En este marco, la respuesta operativa ante la ola delictiva muestra limitaciones logísticas. Tras los últimos homicidios registrados en la ciudad, el Ministerio de Seguridad bonaerense dispuso el desembarco de refuerzos que llevaron el parque móvil a unos 50 móviles operativos; sin embargo, en la ciudad admiten que un distrito con la extensión y densidad de Mar del Plata requiere un piso operativo no menor a los 120 patrulleros para cubrir adecuadamente las cuadrículas urbanas.
A este cuadro de inoperancia se suman inminentes modificaciones estructurales en la conducción de las fuerzas de seguridad provinciales en el distrito costero. Según pudo saber BAN, en las próximas horas se formalizaría el relevo de la jefatura de la Policía Departamental, con la salida del comisario mayor Dante Pérez Bianchi. Esto significaría la concreción de un recambio que se encontraba bajo análisis desde la primera crisis de gabinete.

Paralelamente, la administración local mantiene gestiones para ampliar el contingente de fuerzas de seguridad federales: actualmente revistan en el distrito 130 efectivos de la Prefectura Naval Argentina, cuya logística de alojamiento y racionamiento es absorbida económicamente por las arcas municipales, a la espera de confirmar la llegada de una nueva partida de gendarmes o prefectos para tareas preventivas.
Mientras los vecinos reclaman medidas urgentes, el Palacio Municipal de la calle Yrigoyen se encuentra atravesado por una cruda fractura política. La distancia entre el exintendente y actual senador bonaerense, Guillermo Montenegro, y quien asumió el mando interino del Ejecutivo, Agustín Neme, terminó por paralizar la operatividad del gabinete.
Fuentes cercanas confirmaron a este medio que el vínculo se encuentra quebrado desde antes del traspaso de mando: "Montenegro está desaparecidísimo y le hace bastante la vida imposible a Neme; la mayoría de los funcionarios y concejales del PRO le responden a Montenegro y no a Neme, por lo que la convivencia interna está detonada".

En este ajedrez, el sector referenciado en el senador bonaerense Alejandro Carrancio y los armadores de La Libertad Avanza conducidos por Sebastián Pareja han tendido canales de asistencia parlamentaria al intendente en ejercicio, aunque "lo hacen con reserva para no asumir el costo político de una gestión desgastada".
“Lo joden en todo lo que pueden; la mayoría de los funcionarios y los concejales del PRO le responden a Montenegro, no a Neme, así que desde ese sentido la pasa mal. Le dan una mano los libertarios de acá, más que nada los que están alineados del lado de Pareja; están tratando de dar una mano, pero también medio en silencio porque tampoco se quieren comer el costo de esta gestión que no es muy buena”, destacaron fuentes locales.
Así, los vecinos de Mar del Plata se encuentran no solo rehenes de la inseguridad en las calles, sino también presos de la interna política en una gestión que se preocupa más por cuestiones de poder que por el bienestar de los marplatenses.