El recinto de la Legislatura bonaerense vuelve a ser el termómetro más descarnado de las disputas de poder que atraviesan al oficialismo provincial. Lejos de la idea de consensos para ordenar el calendario y las herramientas de votación hacia 2027, el debate para modificar el andamiaje electoral se encuentra empantanado en un laberinto de vetos cruzados entre el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof y el referente del Frente Renovador, Sergio Massa.
Acorde a lo trascendido en los pasillos de la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados, la orden que baja desde los despachos superiores de ambos campamentos es terminante: los expedientes no se tocarán hasta que los intendentes no alcancen un acuerdo integral en la mesa chica. Esa parálisis deliberada convierte a las comisiones estratégicas en trincheras donde se mide centímetro a centímetro la influencia de cara a las elecciones de 2027.
La ingeniería parlamentaria armada en la última distribución de autoridades dejó un esquema de equilibrios forzados donde nadie tiene el control absoluto. En la Cámara Alta, la senadora Malena Galmarini (FR) comanda la Comisión de Reforma Política y Régimen Electoral, mientras que el kicillofista Germán Lago (MDF) tiene bajo su puño la Comisión de Legislación General. Es precisamente en el despacho de Lago donde duerme el debate más sensible para el territorio: la habilitación o el freno a las reelecciones indefinidas de los intendentes.

En la Cámara Baja, la ecuación es a la inversa; la diputada Ana Luz Balor, referenciada en el MDF de Kicillof, encabeza la Comisión de Reforma Política y del Estado, al tiempo que el massista Rubén Eslaiman controla Legislación General, ámbito donde se acumulan más de una treintena de proyectos con modificaciones que van desde la boleta única hasta los pisos de representación.
Sin la firma de uno, el otro no mueve. Este esquema en espejo neutraliza cualquier intento unilateral de dictaminar y obliga a una negociación en paquete. En este sentido, la tensión entre ambas fuerzas quedó al descubierto días atrás a partir de las gestiones institucionales que inició la propia Galmarini. La dirigente del Frente Renovador había solicitado un mano a mano reservado con el ministro de Gobierno bonaerense y armador central del gobernador, Carlos Bianco. Según se pudo saber, la expectativa era ordenar un canal directo entre Massa y Kicillof sin intermediarios.
Sin embargo, desde la Gobernación operaron un giro en la previa del cónclave y sumaron a la mesa a la diputada Balor, forzando una reunión ampliada que cayó con disgusto en el entorno massista por diluir el carácter mano a mano del encuentro. Para completar la jugada, Bianco derivó el filtro final de las negociaciones parlamentarias a Agustina Vila, secretaria general de la Gobernación.
Mientras los bloques de la oposición aguardan a que el peronismo muestre sus fracturas en el recinto, la reforma de las reglas electorales bonaerenses permanece bajo llave mientras Kicillof y Massa miden fuerzas, y ninguno está dispuesto a entregar una herramienta electoral que su socio de hoy pueda usar en su contra mañana.