La conmemoración del hito fundacional del movimiento justicialista será, paradójicamente, la puesta en escena más cruda de sus fracturas. Este 17 de Octubre, el peronismo se enfrenta a un Día de la Lealtad sin una convocatoria central unificada, dividido en actos paralelos y atravesado por una pulseada de poder que ya no disimula las fricciones ni las ambiciones presidenciales hacia 2027.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof eligió el corazón de la Tercera sección electoral para su demostración de fuerza y encabezará un acto masivo en La Matanza impulsado por el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). La cita en el bastión de Fernando Espinoza funcionará como un termómetro de su capacidad de movilización territorial independiente y una ratificación de su plan para proyectar una estructura nacional propia.

En simultáneo, y a pocos kilómetros de distancia, la cúpula de La Cámpora y las organizaciones del kirchnerismo duro montarán su propio epicentro de masas: concentrarán frente al edificio de San José 1111, en el barrio porteño de Constitución, donde la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner cumple prisión domiciliaria. La consigna no disimula el objetivo de mantener la figura de la exmandataria en la centralidad política, blindar su liderazgo moral sobre las bases e interpelar a quienes intentan acelerar una jubilación de su conducción.
La confrontación entre La Plata y el Instituto Patria sumó además una variable inesperada que complica el monopolio de la discusión: el senador nacional y exgobernador de San Juan, Sergio Uñac, formalizó sus intenciones de competir por la presidencia y reclamó elecciones internas abiertas dentro del Partido Justicialista nacional para dirimir la candidatura de 2027.
Referenciado en el espacio Primero la Patria, sello que articula a gobernadores y legisladores del interior con puentes directos hacia el cristinismo, Uñac fundamentó que el peronismo no puede someterse nuevamente a ungimientos cupulares ni a la gravitación excluyente del Área Metropolitana. "La unidad por sí sola no alcanza si no hay un programa y mecanismos transparentes de elección; el partido debe abrirse y disputar con legitimidad federal", deslizan en su entorno.

La irrupción del sanjuanino introduce una bala directa en la estrategia de Kicillof. Para los sectores cercanos al Gobernador, la disputa ya no es únicamente un duelo binario contra Máximo Kirchner o La Cámpora, sino que ahora debe lidiar con gobernadores y senadores que no están dispuestos a encolumnarse pasivamente detrás del proyecto presidencial del gobernador bonaerense sin una guerra de votos real en las urnas.
Por su parte, el titular del Frente Renovador, Sergio Massa, mantiene una calculada distancia táctica. Tras los dardos que su lugarteniente Guillermo Michel disparó contra las pretensiones emancipatorias del ministro Carlos Bianco, el massismo calibra cómo intervenir en la jornada del 17 sin quedar pegado a un acto de ruptura explícita, a la espera de que el desgaste entre kicillofistas y camporistas termine por posicionarlo como el único árbitro con capacidad de síntesis.