La interna en las filas del oficialismo nacional sumó un capítulo de alta volatilidad política cuando la senadora nacional y titular del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta, Patricia Bullrich, pegó el "faltazo" a la reunión de gabinete encabezada por el presidente Javier Milei en la Casa Rosada, dejando en evidencia el deterioro de la relación entre la dirigencia del PRO integrada al Gobierno y el núcleo duro libertario.
En este marco, según trascendió, desde el entorno más cercano a la legisladora explicaron la inasistencia con una frase lapidaria que refleja el clima imperante: “No tenía ganas de ir”. La ausencia de Bullrich en el salón de ministros se concretó pocas horas después de que la senadora saliera a cuestionar de manera abierta las recientes declaraciones del Presidente, quien sugirió "quemar en la hoguera" a referentes del periodismo.
En declaraciones televisivas, la ex candidata presidencial fijó una postura crítica frente a la narrativa presidencial: “Las críticas se contestan con argumentos. Mi responsabilidad es marcar que cuando una palabra cruza un límite, como esto de quemar en la hoguera, hay que señalarlo”.

Pese a la contundencia de sus afirmaciones, desde el bullrichismo aseguraron que no se registraron reproches informales ni comunicaciones telefónicas desde Balcarce 50 tras la entrevista: “No hubo ningún llamado”, deslizaron.
En este contexto, el faltazo a la reunión se suma a una serie de movimientos estratégicos con los que Bullrich busca marcar agenda propia dentro del espacio de gobierno. En los últimos días, la senadora cuestionó proyecciones económicas de la gestión nacional, difundió un video de tono proselitista y ratificó sus intenciones de competir por la Presidencia en 2027, al tiempo que evitó dar un respaldo explícito a una eventual reelección de Milei al señalar únicamente que hay que “asegurar la continuidad del proyecto”.
En los pasillos del Congreso, interpretan que la senadora adopta una táctica de tensión calculada: evitar ser quien promueva la ruptura para no cargar con el costo político, forzando a la conducción del Poder Ejecutivo a tomar las decisiones sobre su permanencia. En ese esquema, en las filas libertarias recuerdan los antecedentes institucionales de la crisis del año 2000 que marcaron la gestión de la cual Bullrich formó parte.