Luego de horas de versiones encontradas y comunicados contradictorios, la Dirección Nacional de Migraciones confirmó de madrugada que el senador y excandidato presidencial brasileño, Flávio Bolsonaro, ingresó formalmente a territorio argentino junto a su familia antes de abordar un vuelo privado con destino a Guayaquil, Ecuador.
El giro oficial dejó al descubierto un severo cortocircuito en los mecanismos de vocería del Poder Ejecutivo. Horas antes, el organismo migratorio había negado de forma enfática cualquier registro del dirigente del Partido Liberal, al tiempo que el vocero presidencial, Adrián Ravier, daba por cerrado el tema señalando que no existía ningún pedido formal de asilo político en el país.

De acuerdo con el último reporte emitido por la autoridad migratoria, Flávio Bolsonaro, su esposa y sus hijas registraron su paso a las 22:50 del martes por el paso fronterizo del Puente Internacional Tancredo Neves (Misiones). Desde el organismo aseguraron que contaban con documentación hábil de viaje y que no pesaban sobre ellos impedimentos legales al momento del trámite.
A las 23:30, la comitiva abordó una aeronave Gulfstream G400 operada por la firma Baires Fly S.A., la cual permanecía desde el día previo en el Aeropuerto Internacional de Puerto Iguazú. El plan de vuelo aprobado por las autoridades consignó como destino inmediato el aeropuerto José Joaquín de Olmedo en Guayaquil (Ecuador), donde la aeronave realizó escala antes de continuar su trayecto hacia Estados Unidos.

La permanencia de la aeronave en Puerto Iguazú y las idas y vueltas oficiales generaron duras críticas por parte de dirigentes de la oposición y presentaciones en la Justicia Federal. Mientras desde la ANAC y los organismos de control sostienen que los chequeos se realizaron bajo norma, legisladores exigieron investigar si existieron irregularidades administrativas o facilidades operativas en la salida del dirigente brasileño del continente.
El operativo y la posterior salida del hijo del expresidente Jair Bolsonaro abren un frente de tensión en la agenda bilateral entre la Casa Rosada y la administración entrante de Brasil, en un marco atravesado por el recelo ideológico y la custodia de los límites fronterizos.