El clima interno en el peronismo sumó nuevos capítulos de tensión este fin de semana, tras la gira de Axel Kicillof por Córdoba y una serie de declaraciones que reavivaron la disputa por la conducción del movimiento. En este sentido, el enfrentamiento vuelve a tener como protagonistas a la estructura de La Cámpora y al entorno más cercano del gobernador bonaerense.
El disparador de la nueva ola de "fuego cruzado" fueron los dichos de la diputada nacional y secretaria general del PJ, Teresa García. Durante un encuentro de mujeres y luego en una entrevista televisiva, la dirigente cercana a Cristina Kirchner lanzó una advertencia directa hacia los sectores que buscan renovar el liderazgo.
“No puede ser que haya dirigentes que creen que el traje de etiqueta para entrar en el sistema político es decir 'Cristina ya fue', porque no fue”, sentenció García, quien además propuso un esquema similar al de 1973 (Cámpora al gobierno, Perón al poder) para el próximo proceso electoral.
En ese sentido, las posturas de García fueron rápidamente blindadas por referentes camporistas como Mayra Mendoza y Facundo Tignanelli. Sin embargo, la respuesta del kicillofismo llegó este lunes a través del ministro de Gobierno, Carlos Bianco, quien utilizó la reciente visita del mandatario a tierras cordobesas para pasar factura por la estrategia política de los últimos años.
Aunque evitó nombrar directamente a García, la mano derecha de Kicillof cuestionó la falta de visión federal del kirchnerismo duro. En este marco, señaló que la comitiva se sorprendió con el afecto recibido en Córdoba, una provincia históricamente esquiva para el kirchnerismo.
“Córdoba es una provincia peronista porque el peronismo gobierna hace muchísimos años. El problema ha sido mirarlo desde acá, no tener un vínculo, no ir a recorrerla y no hablar con su gente”, disparó el ministro, en un claro dardo hacia la conducción nacional del espacio.
Esta tensión deja al descubierto dos diagnósticos contrapuestos sobre el futuro del PJ. Uno, el esquema de “resistencia” liderado por García y La Cámpora, que propone centralizar la figura de Cristina Kirchner y utilizar a los candidatos como un puente para su retorno. Y el otro, la construcción federal impulsada por el kicillofismo, que busca romper el cerco del AMBA, dialogar con sectores tradicionalmente refractarios (como el peronismo cordobés) y consolidar un liderazgo propio con autonomía de gestión.
Este escenario de divisiones y diagnósticos enfrentados promete intensificarse a medida que Axel Kicillof profundice su agenda fuera de los límites de la provincia de Buenos Aires, buscando capitalizar el apoyo de sectores sindicales y gobernadores que reclaman una renovación en las formas de conducción.
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