La tregua forzada en el peronismo bonaerense voló por los aires. Luego de que el personal de seguridad tuviera que desalojar a militantes que pedían por la libertad de Cristina Kirchner durante un acto de Axel Kicillof, la interna pasó de los abucheos en el teatro a una guerra abierta en las redes sociales y los despachos oficiales.
El encargado de encender la mecha fue el senador provincial y referente de La Cámpora, Emmanuel González Santalla, quien a través de un mensaje directo al kicillofismo retrucó: “Dejen de llorar. Cristina está en cana por ir al frente por los argentinos”. La frase no solo defendió la autoridad de la expresidenta, quien cumple prisión domiciliaria, sino que cuestionó la legitimidad del armado propio del Gobernador.
Santalla no ahorró calificativos para marcar la cancha frente al avance del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el esquema con el que Kicillof busca autonomía de cara a 2027: “Todos llegaron a upa de los votos de Ella. Ahora que Magnetto la metió presa se vienen a hacer los líderes fatales”. De esta manera, expuso la lectura del kirchnerismo duro: Kicillof le debe su carrera política a Cristina y cualquier intento de liderazgo independiente es visto como una traición.
La respuesta desde el entorno del Gobernador en Calle 6 fue igual de virulenta. En privado, los colaboradores de Kicillof no dudaron en señalar a "los pibes de La Cámpora" como los responsables de intentar "pudrir" el acto en el Coliseo Podestá.
“Me dan pena, le hacen daño a Cristina, parece que la quieren presa”, dispararon desde el círculo más cercano al mandatario, sugiriendo que la radicalización del camporismo solo complica la situación de la expresidenta y debilita al principal activo electoral del PJ: la gestión bonaerense.
Cabe destacar que en la Gobernación también hubo pases de factura hacia el intendente platense, Julio Alak, por las fallas en la organización del evento que permitieron la interrupción de la militancia.
Lo que se debate en el fondo ya no es solo la solidaridad ante la situación judicial de CFK, sino quién conduce el futuro del movimiento. Mientras el camporismo insiste en que sin Cristina no hay conducción posible, el kicillofismo intenta construir un volumen político que exceda el "núcleo duro".
El incidente del Coliseo Podestá, donde los cánticos de "Axel Presidente" chocaron con los de "Cristina Presidenta", fue la síntesis de un peronismo que parece caminar hacia una colisión frontal. Con intendentes y legisladores empezando a elegir bando, la posibilidad de una explosión interna que termine con las "tribus" desperdigadas es un escenario que ya nadie puede descartar.
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